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Dos virales de ciencia de esta semana y los datos que no aguantan una comprobación

Dos virales de ciencia de esta semana y los datos que no aguantan una comprobación

«Y entonces el que consigue esa montaña será automáticamente rico.»

Eso dice, con esas palabras, un vídeo de El Confidencial sobre el monte Tropic, una montaña submarina al sur de Canarias. Setenta y un segundos, música, ritmo, y un dato al final que remata: con todo el cobalto que hay ahí se podrían hacer 277 millones de coches eléctricos.

Vamos a por ese número, porque es el que la gente repite.

Primero: el número que no está en ninguna parte

He buscado los 277 millones de coches en la bibliografía sobre el Tropic. No aparece.

Lo que sí aparece, y está bien documentado, es la reserva de telurio: unas 2.670 toneladas, cerca del 5 % de las reservas mundiales conocidas. Eso es verificable y es impresionante de verdad.

Pero fíjate en lo que ha pasado: el dato bueno, el del telurio, se ha cambiado por uno inventable, el de los coches. ¿Por qué? Porque las toneladas de telurio no las visualiza nadie y los coches sí.

La técnica tiene nombre: traducción a una unidad emocional. Funciona. Y es exactamente por eso por lo que hay que desconfiar cuando aparece.

Segundo: lo que el vídeo se deja fuera, que le da la vuelta entera

Aquí está lo grave, y no es el número.

Los trabajos publicados sobre esas costras de ferromanganeso concluyen que, con espesores de tres o cuatro centímetros y las leyes de cobalto que se han medido en el Tropic, un solo monte submarino difícilmente llegue a ser económicamente viable.

O sea: la literatura científica dice que puede que esa montaña no valga la pena. El vídeo dice que quien se la quede será automáticamente rico.

No es un matiz. Es lo contrario.

Y el vídeo sí menciona que no hay tecnología ni ley para extraerlo, lo cual está bien. Pero lo coloca como un obstáculo temporal —«por si en algún momento se puede extraer»— en vez de como lo que también puede ser: que no salga a cuenta nunca.

Tercero: el otro viral, el del Nobel

Segundo vídeo de la semana, mismo patrón.

Cuenta la historia de Nubia Muñoz, la epidemióloga colombiana que demostró que el virus del papiloma humano causa el cáncer de cuello de útero. La historia es verdad, es importante y está poco contada. Hasta ahí, bien.

Luego llegan tres adornos:

«Le robaron el Nobel.» Lo comprobable es que fue nominada en 2008 y no lo recibió. Robar implica que era suyo, y un Nobel no es de nadie hasta que se concede.

«El alemán se llevó la medalla y los millones.» Harald zur Hausen se llevó la mitad del premio. La otra mitad fue para Barré-Sinoussi y Montagnier, por el VIH. Decir que se lo llevó todo es más redondo y es falso.

Y el peor, el que sí puede hacer daño: el vídeo deja entender que la vacuna resuelve el problema. Las primeras vacunas previenen alrededor del 70 % de estos cánceres. El 30 % restante depende de que las revisiones se sigan haciendo.

Redondear ese 70 hacia arriba, en un vídeo sobre salud, es exactamente el tipo de licencia que hace que alguien se salte un cribado.

Lo que tienen en común

Los dos vídeos parten de una historia real y verificable. Ninguno de los dos se inventa el tema.

Los dos la empujan un poco más allá de donde llegan los datos. Y los dos lo hacen en la misma dirección: hacia el titular que se comparte.

Eso no es mentir. Es algo más difícil de señalar, y por eso funciona.

Veredicto: cuando un dato científico viene convertido en coches eléctricos o en un premio robado, la conversión no es para que lo entiendas mejor. Es para que lo compartas.

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