«En la Sevilla de 1417 una casa costaba un año de sueldo. Hoy hacen falta ocho.» Noventa segundos, treinta y tres mil visualizaciones en un día, y la sensación agradable de haber entendido algo.
Empiezo por lo que está bien, que es bastante y hay que decirlo. La escritura existe: Archivo de la Diputación de Sevilla, pergaminos, signatura PER_0677, 1 de marzo de 1417. Cuatro mil quinientos maravedís más doscientos de alcabala. El precio de Sevilla también está bien traído, unos 2.900 euros el metro este verano. Hasta ahí, impecable.
El problema no está en los datos. Está en la división.
Primera: el sueldo es de quince años antes
Los diecisiete maravedís por jornada salen de las obras de la alhóndiga de Sevilla, que son de 1402 y 1403. La casa se vende en 1417.
Quince años de diferencia, y no unos quince años cualesquiera: el maravedí se devaluaba sin parar. Tanto, que esta misma casa se pagó en doblas de oro, porque nadie quería cobrar una cantidad seria en moneda de cuenta. Si el jornal de 1417 era más alto —y lo era—, los 277 jornales son menos. No sé cuántos menos. Quien hizo la cuenta tampoco, y aun así la dio redonda: «un año».
Segunda: no es un trabajador medio, es un maestro
Un maestro albañil del siglo XV no es el equivalente del español medio de hoy. Es un artesano con años de aprendizaje, examinado, con gremio detrás. Está arriba en la escala de los que trabajan con las manos.
Y enfrente ponen el salario medio bruto de España. O sea: arriba de entonces contra el promedio de ahora. Por ahí se pierde la mitad de la gracia.
Ya que estamos con el sueldo: el vídeo usa 28.410 euros. Ese es el dato de 2023. El publicado es el de 2024 y son 29.540. Poca cosa, pero cuando alguien viene a darte una lección de perspectiva histórica, lo mínimo es traer el dato del año que toca.
Y aquí va el que de verdad duele, y es el que no sale en ningún viral de estos. El salario medio no describe a la mayoría, porque unos pocos sueldos altos tiran de él hacia arriba. El salario más frecuente en España, el que más gente cobra, son 16.520 euros. Con ese, la casa de Sevilla no son ocho años. Son catorce.
Fíjate en lo que acaba de pasar: el dato que hace la comparación mucho peor para nosotros es el que se queda fuera. Nadie lo ha ocultado. Simplemente se ha cogido el que todo el mundo coge.
Tercera: una escritura no es un mercado
Esta es la gorda. Enfrente del precio medio de miles de anuncios de un portal inmobiliario ponen una venta. Una. De un matrimonio a una cofradía, en un barrio concreto, un día concreto de 1417.
Una operación entre un particular y una institución religiosa no es un precio de mercado. Puede tener detrás una deuda, una donación a medias, un acuerdo de años. No lo sabemos, y quien hizo el vídeo tampoco.
Comparar un caso con una media es el error de bulto de todo este género. Con un solo caso se puede demostrar casi cualquier cosa sobre casi cualquier siglo.
Y de propina: cien metros contra ochenta
La casa de 1417 tenía unos cien metros útiles, con patio, pozo y taller abajo. El piso de hoy con el que se compara tiene ochenta. No es lo mismo, y encima el de 1417 llevaba el puesto de trabajo dentro.
El veredicto
No es un bulo. Es peor de gestionar, porque todo lo que hay dentro es verdad: el documento, el precio, la alcabala, el metro cuadrado de Sevilla. Lo que está trucado es lo que se hace con ello.
Y no hacía falta. La escritura de 1417, contada tal cual, ya es una historia estupenda: un matrimonio, una cofradía, un sacristán y un armador de vecinos, y el pago en doblas de oro porque la moneda no valía. Eso se sostiene solo.
El regate de convertirlo en «un año contra ocho» no añade nada. Solo lo hace compartible. Y ahí está el negocio.
La próxima vez que te cruces con uno de estos, hazle tres preguntas: de qué año es cada cifra, a quién representa el sueldo elegido, y si el precio viene de un caso o de un mercado. Con eso se cae la mayoría.