Siete de enero de 2025. Un vídeo casero de poco más de dos minutos: plano fijo, camiseta negra, tono de quien anuncia que ha decidido dejar de fumar. Dentro, esta frase:
Los verificadores han sido demasiado sesgados políticamente y han destruido más confianza de la que han creado, sobre todo en Estados Unidos.
Esa misma mañana, en oficinas de media docena de países, había gente cuyo trabajo consistía en abrir una cola de publicaciones dudosas de Facebook e Instagram y ponerles nota. Se enteraron por el vídeo, igual que tú. El comunicado oficial de Meta, firmado por Joel Kaplan, se llamaba «More Speech and Fewer Mistakes». Traducido del corporativo: se acaba el programa de verificación externa en Estados Unidos y entran las notas de la comunidad, calcadas de X.
Aquí hay un hombre de paja, un problema real que el sector llevaba años sin querer mirar, y unos datos sobre las notas que casi nadie ha abierto. Los tres importan.
La frase de Zuckerberg se cae sola
Los verificadores del programa de Meta no borraron nunca un solo contenido. No podían. Su trabajo terminaba al poner una etiqueta y una nota explicativa. Lo que venía después —reducir el alcance de la publicación, enseñarla menos, dejar de recomendarla— lo decidía Meta con su algoritmo y sus criterios. Ese algoritmo no lo ha auditado nadie, por cierto.
Y hay más. Desde 2019, el discurso de los políticos estaba exento de verificación en la plataforma. Un candidato podía soltar la barbaridad que quisiera y ningún verificador tenía competencia para tocarla.
Así que la acusación de sesgo político se refiere a un poder que la propia Meta les había prohibido ejercer. Se construye un enemigo con atribuciones que no tiene y se derriba de un manotazo. Funciona porque nadie se lee las condiciones del programa que están cancelando.
Ahora el problema real, que es de los verificadores
Que un señor pueda cerrar media industria desde el salón de su casa con un vídeo de móvil dice bastante de esa industria.
Vamos a las cuentas, que están publicadas y casi nadie las abre. Maldita.es es una fundación y publica su memoria económica. Sus ingresos salen de cuatro grifos: las plataformas (Meta, Google, TikTok), los proyectos con dinero europeo, las fundaciones filantrópicas y los socios. La línea de socios es la que mejor queda en la web. Compárala con las otras tres en el PDF y saca tus conclusiones.
Newtral es otra cosa: una sociedad mercantil cuyas cuentas hay que ir a buscar al Registro Mercantil, pagando. La verificación es una parte de la casa; el grueso del negocio lo mueve la productora audiovisual que factura a las televisiones. Esa productora es un colchón que una fundación no tiene. EFE Verifica pertenece a la agencia pública EFE, con lo que cambia el amo, no la dependencia.
Falta el dinero europeo. El Observatorio Europeo de Medios Digitales y sus nodos regionales reparten fondos de la Comisión por convocatorias de dos o tres años. Cuando se acaba la convocatoria, se acaba el equipo. Eso no es sospechoso: es precario.
Ninguna de estas casas es una tapadera de nadie. El programa de Meta pagaba por contenido verificado a organizaciones certificadas por el código de principios de la IFCN, y esa certificación es pública y auditada. Pero concentrar los ingresos en un cliente que puede irse cuando quiera tiene un nombre en cualquier empresa del mundo, y ese nombre es riesgo. Que se lo pregunten al sector.
Las notas de la comunidad no son un cuento, pero tampoco te van a salvar
Aquí es donde el debate se pone perezoso: unos dicen que las notas son una excusa para no moderar nada y otros que son la democracia directa aplicada a la verdad. Hay datos, y no dan la razón del todo a ninguno.
El propio equipo de la plataforma publicó en 2022 un estudio sobre Birdwatch, el nombre original del invento: una nota visible reducía las republicaciones en torno a un 25-30% y hacía bastante más probable que el autor acabara borrando el mensaje. Funciona.
El pero es el reloj. Un bulo que va a correr, corre en las primeras horas. La nota tiene que proponerse, votarse y superar el filtro. El trabajo de Chuai, Pröllochs y otros investigadores midió ese desfase en X y encontró lo previsible: cuando la nota aparece, la mayor parte de la difusión ya ha pasado.
Y el filtro es duro por diseño. La propia documentación de X lo explica: una nota solo se publica si la valoran útil personas que habitualmente puntúan cosas distintas. Suena razonable y lo es, hasta que caes en la consecuencia. En los temas más polarizados, que son exactamente donde más falta hace, ese acuerdo cruzado casi nunca llega. La mayoría de notas propuestas se quedan invisibles para siempre.
| Verificadores externos | Notas de la comunidad | |
|---|---|---|
| Quién decide | Organizaciones certificadas por la IFCN | Usuarios voluntarios y un algoritmo de consenso |
| Quién paga | La plataforma, por contrato | Nadie: el trabajo es gratis |
| Velocidad | Horas o días | Horas o días, y a menudo nunca |
| En temas polarizados | Cubiertos, con acusaciones de sesgo | El consenso cruzado rara vez se alcanza |
| Punto débil | Depende de que el cliente siga pagando | Depende de que haya voluntarios donde hace falta |
Un aviso antes de que alguien use esto para lo que no es. Que a un verificador le pague una plataforma no convierte en falso lo que verifica. Eso se llama falacia genética: atacar el origen del mensaje porque no puedes con el mensaje. Si Maldita dice que una foto es de 2019 y la foto es de 2019, sigue siendo de 2019 aunque el sueldo del que lo comprobó saliera de Menlo Park. Lo que la financiación explica es otra cosa: qué se verifica, en qué plataforma y con cuánta gente. Y ahí sí manda quien paga.
Veredicto
En Estados Unidos el grifo se cerró en 2025 y en Europa siguió abierto, con el Reglamento de Servicios Digitales de por medio. Nadie del sector puede decirte cuánto durará eso.
Un sector que se dedica a exigir transparencia a los demás tardó ocho años en asumir que su nómina dependía de un vídeo de dos minutos.