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Un trabajo sin revisar, veinte medios y tres fechas distintas: anatomía de un titular

Un trabajo sin revisar, veinte medios y tres fechas distintas: anatomía de un titular

Hay una forma rápida de saber si una noticia científica ha sido leída por quien la firma: mirar si las cifras coinciden entre medios. Cuando no coinciden, casi nadie ha abierto el trabajo original.

El caso de estos días es de manual. Un ingeniero italiano propone datar la Gran Pirámide de Guiza midiendo el desgaste de su piedra y le sale una fecha en la prehistoria. A partir de ahí, la misma investigación aparece en unos sitios como «casi 20.000 años más antigua», en otros como «hacia el 40.000 a. C.», y en otros como «más de 20.000 años».

Por qué bailan los números

Porque el trabajo no da una fecha: da una media y una horquilla enorme. La media cae en el 22.916 a. C. y el margen declarado va del 36.800 al 8.900 a. C.

Cada redacción ha cogido el número que mejor le venía. Quien quería el titular más fuerte se fue al extremo antiguo. Quien quería una cifra redonda restó de la fecha aceptada. Y casi nadie ha contado el dato que de verdad describe la investigación: que su propio margen de error abarca veintiocho mil años, lo que significa que no data nada.

El eslabón que se salta siempre

El trabajo no ha pasado revisión por pares. Es decir: nadie del campo lo ha examinado antes de que llegara a los titulares.

Eso no lo convierte automáticamente en falso, pero sí cambia lo que es: una propuesta, no un resultado. La diferencia entre las dos cosas es precisamente el filtro que se ha saltado, y es información que el lector necesita para saber cuánto peso darle. Aparece en pocas coberturas, y casi siempre al final.

La forma del titular

Fíjese en el patrón, porque se repite con la Atlántida, con los dinosaurios y con cualquier cosa del antiguo Egipto: «un estudio pone en duda», «lo que sabíamos estaba mal», «la historia hay que reescribirla».

Funciona porque promete al lector algo mejor que información: la sensación de estar en el lado de los que se enteran. El coste es que, repetido mil veces, entrena a la gente a pensar que todo está siempre en duda, y eso acaba beneficiando a cualquiera que quiera vender lo que sea.

Cómo se comprueba en dos minutos

No hace falta saber de egiptología. Tres preguntas bastan casi siempre.

¿Quién lo firma y de qué es especialista? Aquí, un ingeniero proponiendo una cronología arqueológica. No lo descalifica, pero sitúa.

¿Dónde se ha publicado y quién lo ha revisado? Si la respuesta es que todavía nadie, ya sabe usted qué tiene delante.

¿Cuál es el margen de error? Es el dato que casi nunca está en el titular y casi siempre está en el trabajo. Cuando el margen es más ancho que la afirmación, la afirmación no existe.

De dónde salen los datos

Las cifras del trabajo —la media de 22.916 a. C. y el intervalo del 68,2 % entre el 36.800 y el 8.900 a. C.— y la descripción del método son las que ha difundido su autor, Alberto Donini, y las que han recogido los medios que lo han cubierto. El trabajo no ha pasado revisión por pares.

Los datos del otro lado son de excavación publicada: los papiros del puerto de Wadi al-Jarf, hallados en 2013 por la misión dirigida por Pierre Tallet, de la Sorbona, y fechados en el año 27 del reinado de Keops; las marcas de cuadrilla halladas en las cámaras de descarga; y el poblado de los constructores excavado junto a la meseta de Guiza.

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