Tengo una carpeta en el móvil que se llama «barras». Dentro hay fotos de la tele hechas de mala manera, torcidas, con el reflejo de la lámpara del salón encima del gráfico. Las hago cuando algo me chirría y no me da tiempo a pausar.
El truco que uso después es de una simpleza vergonzosa: abro la foto, cojo una regla, mido la barra pequeña y mido la grande. Luego busco los números que aparecen escritos en la propia pantalla y hago la división.
Casi nunca coinciden.
Y ahí está lo interesante, porque en la mayoría de los casos nadie ha mentido. Los números impresos son correctos. La fuente existe. El dato se sostiene. Lo que te han manipulado es la forma, y la forma es lo único que tu cerebro procesa en los dos segundos que dura el rótulo antes de que el presentador pase a lo siguiente.
Truco 1: el eje que empieza donde le conviene
Un indicador pasa de 100 a 102. Una subida del 2%. Un bostezo.
Ahora dibuja las dos barras con el eje vertical empezando en 90. La primera barra mide diez unidades de alto, la segunda mide doce. Doce partido de diez es 1,2: la segunda barra es un 20% más alta que la primera. Has multiplicado la subida por diez sin tocar el dato.
¿Poco? Empieza el eje en 98. Ahora la primera barra mide dos y la segunda siete. Tres veces y media más alta. El 2% real se ha convertido en un muro.
Esto no es una sospecha mía, es el ejemplo de manual: la entrada de gráficos engañosos de Wikipedia lleva años recopilando casos, y el más famoso de todos, un gráfico de la televisión estadounidense sobre subidas de impuestos, hacía exactamente esto: eje arrancando muy por encima de cero para que una diferencia de unos pocos puntos pareciera un acantilado.
El eje truncado tiene usos legítimos. Si estás mirando la temperatura corporal, empezar en cero grados es absurdo. Pero hay una diferencia entre truncar y esconder que has truncado: el gráfico honesto lo señala, rompe la barra, avisa. El otro se limita a poner el 90 abajo en gris claro, cuerpo ocho, y esperar a que no lo mires.
Truco 2: la escala que no avanza a la misma velocidad
Este es más fino y por eso cuela mejor.
En un eje normal, la distancia entre 0 y 10 es la misma que entre 10 y 20. En un eje logarítmico, cada tramo multiplica en vez de sumar: de 1 a 10, de 10 a 100, de 100 a 1.000, todos ocupan lo mismo. Una curva que se dispara aparece como una recta apacible.
Lo vimos hasta el hartazgo con las curvas de contagios. El eje logarítmico es una herramienta buenísima cuando quieres comparar ritmos de crecimiento, y una forma estupenda de tranquilizar a la gente cuando lo que quieres es que la explosión parezca una cuesta.
El mismo dato, en las dos escalas, cuenta dos historias distintas. Ninguna es falsa. Solo una está contestando a la pregunta que tú te estabas haciendo.
Truco 3: el muñeco que engorda por los cuatro costados
Ya no ponemos barras, ponemos monigotes. Una casita para la vivienda, un carrito de la compra para el IPC, un saquito de billetes para la deuda.
El dato se duplica, así que el diseñador dibuja el segundo saquito con el doble de altura. Y aquí llega el problema, que es de geometría de primaria: si doblas la altura de un dibujo, doblas también la anchura, y el área se multiplica por cuatro. Tu ojo no mide alturas, mide manchas de tinta. Le has enseñado un cuádruple y le has dicho «doble».
Darrell Huff ya destripaba esto en Cómo mentir con estadísticas, y el libro es de 1954. Setenta años después sigue funcionando igual de bien, con la ventaja de que ahora los monigotes tienen degradado y sombra proyectada.
Truco 4: el mapa que solo sabe dónde vive la gente
Mapa de España por comunidades. Escala de rojos. Andalucía, Cataluña y Madrid oscuras. Titular: la comunidad X, a la cabeza de lo que sea.
Mira la leyenda. Si lo que está pintado son casos totales, denuncias totales, casos absolutos de cualquier cosa, ese mapa no te está contando nada del fenómeno. Te está contando dónde vive más gente. Andalucía, Cataluña y Madrid son las tres comunidades más pobladas del país, así que van a salir oscuras midas lo que midas: incendios, bodas, robos de bicicletas o abonados al fútbol.
El chiste lo dejó clavado la viñeta 1138 de xkcd, titulada precisamente «Heatmap»: cualquier mapa de calor sin normalizar por población es un mapa de población con otro nombre. Se publicó en 2012 y sigue haciendo falta enseñarla cada semana.
Lo que quieres es la tasa. Casos por cada cien mil habitantes. En cuanto normalizas, el mapa cambia de color entero y a veces cambia también el titular.
Las tres cosas que miro antes de creerme un gráfico
- El número de abajo del todo del eje vertical. Si no es cero, no pasa nada necesariamente, pero ya sabes que la diferencia visual que estás viendo no es la diferencia real. Rehaz mentalmente la división.
- La unidad, escrita entera. «Casos» y «casos por cada cien mil habitantes» no son lo mismo. «Millones de euros corrientes» y «millones de euros constantes» tampoco. Si la unidad no aparece por ningún lado, el gráfico no es un gráfico, es una ilustración.
- Dónde empieza y dónde acaba el periodo. Un tramo que arranca justo en el mínimo histórico sube siempre. Uno que arranca en el pico baja siempre. Elegir las fechas es el truco más barato de todos y el que menos se persigue, porque no deja huella en el dibujo.
Añade una cuarta si tienes diez segundos: busca la fuente y comprueba la fecha del dato. A veces el gráfico está impecable y lo que está caducado es la cifra.
La parte que más rabia da de todo esto es que el gráfico manipulado casi nunca sale de una conspiración. Sale de un becario con prisa, una plantilla de PowerPoint que autoescala los ejes por defecto y un jefe que quiere que «se vea la subida». Nadie se sienta a mentir. Simplemente, entre la versión que se entiende de un vistazo y la versión que es exacta, se elige siempre la primera, y esa elección se hace veinte veces al día en todas las redacciones del país.
Cuando un gráfico te sorprende antes de que hayas leído los números, el sorprendido no eres tú: eres el objetivo.