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«Ningún detector lo identifica»: qué te están contando cuando te venden este navegador

«Ningún detector lo identifica»: qué te están contando cuando te venden este navegador

Me llega un vídeo de treinta y ocho segundos. Cabeza explotando en el titular, música de fondo, y esta frase: «cada sesión genera una huella completamente distinta, con lo que ningún detector lo identifica porque se comporta exactamente igual que un Chrome real». Y al final, lo de siempre: dale al like y comenta la palabra navegador y te paso el enlace.

La herramienta existe. Se llama Obscura, está en GitHub con veintisiete mil ochocientas estrellas y licencia Apache 2.0, y hace lo que dice. Hasta ahí, nada que destripar.

Lo que voy a destripar es cómo te lo cuentan. Porque en treinta y ocho segundos te han dado el dato técnico, el emoji y la llamada a comentar, y se han dejado fuera lo único que te afecta a ti.

La primera trampa: te lo venden como si fuera nuevo

No lo es. Los programas que se hacen pasar por navegadores llevan existiendo tanto como los navegadores. Lo que ha cambiado es el precio. Antes eso era un servicio de pago o un script que te montabas tú, y ahora no. Ahora te lo bajas, es gratis, y viene con manual.

Ese es el titular honesto y es menos espectacular: lo que ha caído es la barrera de entrada. Por eso no lo cuentan así. «Ha bajado el precio de algo que ya existía» no funciona con el emoji de la cabeza explotando.

La segunda trampa: te lo cuentan desde el lado del que lo usa

Todo el vídeo está escrito para ti si eres el que quiere rastrear webs. Treinta megas de memoria, arranca al instante, tus scripts funcionan igual. Fenomenal.

Ni una palabra del otro lado. Y el otro lado eres tú también, todos los días.

Si lees medios, si comentas en algún sitio, si participas en una encuesta, si votas en algo por internet, si tu trabajo depende de una cifra de visitas: estás en el otro lado. Y en el otro lado la noticia es que distinguir a una persona de un programa se acaba de poner más caro y más difícil para todo el mundo.

A quién le explota esto en la cara

Empiezo por los medios, que es la casa.

Las cifras de audiencia. Un porcentaje del tráfico de cualquier web lleva años sin ser humano. Con herramientas que se comportan como un Chrome real y cambian de huella en cada visita, ese porcentaje es más difícil de estimar y, por tanto, más fácil de ignorar. Y esas cifras son con las que se venden anuncios y se despiden redacciones.

Los comentarios. El filtro de la mayoría de los medios funciona por probabilidades: calcula cómo se comporta el visitante y decide. Cuando el visitante se comporta bien, el filtro dice que pase.

Las encuestas y las votaciones. Esas que salen en los informativos con un porcentaje y una barra de colores. Ya eran poco de fiar. Ahora, directamente, no significan nada, y eso no se lo vas a leer a nadie debajo del gráfico.

Las capturas como prueba. Esta es más fina y me preocupa más. Cada vez más verificaciones se apoyan en «he abierto esa página y he visto esto». Cuando abrir una página a escala es trivial y barato, fabricar el rastro de haberla visto también lo es.

Lo que no voy a hacer

No voy a pedir que se prohíba. Es software libre, publicado, y las mismas técnicas que sirven para esquivar un detector sirven para investigar cómo una web trata a sus visitantes, que es trabajo periodístico del bueno. La herramienta no tiene moral. El que la usa, sí.

Y tampoco voy a hacer lo contrario, que es lo que hace el vídeo: enseñarte el juguete y callarme el precio.

El veredicto

La herramienta: buena, honesta en su documentación, gratis.

El vídeo: correcto en los datos y tramposo en el encuadre. Te enseña la mitad que te entusiasma y te esconde la mitad que te toca. Que es, por cierto, exactamente la misma técnica con la que funcionan la mayoría de los titulares que destripo aquí, solo que esta vez el tema es tan técnico que se cuela sin que nadie levante la mano.

Ya lo ves: no hace falta mentir para desinformar. Basta con elegir bien desde dónde miras.

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