Pleno de un martes por la tarde y ni un periodista en la sala.
Pasan tres cosas medidas: se presentan menos candidatos a la alcaldía, baja la participación en las municipales y la deuda del ayuntamiento se encarece. El estudio de referencia cifra esa subida entre 5 y 11 puntos básicos en la emisión. Nadie mira las cuentas y alguien lo paga: tú.
¿Qué es exactamente un «desierto informativo»?
El término lo popularizó Penny Abernathy con su trabajo sobre la prensa local en Estados Unidos: un territorio donde no queda ningún medio que cubra de forma regular la vida pública de ese sitio. Ojo con la trampa de la definición. Un pueblo de 300 habitantes nunca tuvo periódico propio y no por eso estaba a oscuras: lo cubría el diario provincial. La pregunta útil no va de cabeceras con sede en la plaza. Va de si alguien —quien sea, de donde sea— se sienta en el pleno, pide el expediente y llama al concejal para preguntarle por qué.
¿Qué han encontrado los estudios?
| Estudio | Qué midió | Resultado |
|---|---|---|
| Gao, Lee y Murphy, Journal of Financial Economics (2020) | Coste de la deuda municipal en condados de EE. UU. que perdieron su periódico, 1996-2015 | +5 a 11 puntos básicos en las emisiones nuevas y +3 a 6 en el mercado secundario, hasta tres años después del cierre |
| Schulhofer-Wohl y Garrido, Journal of Media Economics (2013) | Elecciones municipales en los barrios que cubría el Cincinnati Post, cerrado a finales de 2007 | Menos candidatos por puesto, más alcaldes y concejales reelegidos, menos participación |
| Darr, Hitt y Dunaway, Journal of Communication (2018) | Comportamiento de voto tras el cierre de diarios locales | Cae el voto dividido: sin información local, se vota la sigla nacional |
| Medill (Northwestern), State of Local News | Censo anual de medios por condado | Más de 200 condados sin ningún medio y en torno a 2.500 periódicos desaparecidos desde 2005 |
Todo eso es Estados Unidos. Lo digo yo antes de que me lo digas tú. Allí hay condados, bonos municipales cotizando y series de datos de veinte años; aquí no. Trasladar los puntos básicos a un ayuntamiento de Soria sería hacer trampa.
¿Por qué encarece la deuda que no haya periodistas?
El mecanismo que proponen Gao y sus colegas es aburrido y por eso convence: sin nadie mirando, el ayuntamiento gestiona peor —contratos más caros, plantillas más infladas, proyectos que se van de plazo— y quien presta el dinero lo sabe, así que cobra más por prestarlo. El efecto era mayor donde el periódico cerrado era el único que había. Y aparecía después del cierre, no antes, que es lo que separa una correlación de algo que se puede sostener.
Para que se vea: diez puntos básicos son una décima de punto porcentual. Sobre diez millones de euros, diez mil euros al año que salen del mismo sitio que la piscina municipal.
¿Y en España cuántos municipios están así?
No hay censo oficial. Ninguno. Más de 8.100 municipios, en torno a seis de cada diez por debajo de los mil habitantes según el padrón del INE, y el mapa de quién cubre qué lo están levantando grupos universitarios —el equipo de Novos Medios en la Universidade de Santiago lleva años en ello— porque la administración no lo hace. Del destrozo del sector sí hay recuento: la Asociación de la Prensa de Madrid contabilizó más de 400 medios cerrados y unos 12.000 empleos periodísticos destruidos entre 2008 y 2015.
Que el mapa no exista ya te dice algo. Se publica el gasto en publicidad institucional, se publica la deuda viva de cada ayuntamiento y se publica hasta el catálogo de árboles singulares. Cuántos pueblos se han quedado sin nadie que pregunte, eso no.
¿Cómo sé si mi pueblo tiene cobertura real o un boletín municipal con otra cabecera?
Cinco comprobaciones. Media hora larga, gratis, desde el sofá.
- Busca una mala noticia. Mete en el buscador el nombre del pueblo junto a «pleno», «oposición», «moción», «reparo del interventor», «sobrecoste». Si en dos años no hay una sola pieza que incomode al equipo de gobierno, no estás ante un medio.
- Pega un párrafo entre comillas. Copia tres líneas de la noticia y búscalas literalmente. Si salen idénticas en la web del ayuntamiento, has encontrado la nota de prensa republicada con firma nueva.
- Mira quién firma y cuánto firma. Ocho piezas al día con el mismo nombre no las escribe una persona que ha ido a algún sitio.
- Sigue el dinero en el perfil del contratante. Los contratos menores de servicios —por debajo de 15.000 euros, según la Ley 9/2017— se adjudican a dedo y hay que publicarlos. Ahí aparece quién cobra del ayuntamiento por «difusión» o «comunicación».
- Comprueba el aviso legal. La LSSI obliga a identificar al titular de la web. Si no hay editor, ni domicilio, ni CIF, no hay nadie a quien reclamar cuando publiquen una mentira sobre ti.
Y si el resultado es que no hay nadie, te quedan las fuentes en crudo: las actas de los plenos, que son públicos por la Ley de Bases de Régimen Local; el presupuesto y su liquidación; y los datos de deuda viva por municipio que publica el Ministerio de Hacienda. Es más árido que leer un periódico. Es lo que hay cuando no hay periódico.
Veredicto: si en tu pueblo nadie se sienta en el pleno, la próxima subida del recibo la vas a descubrir en el recibo.
