A finales de mayo, The Economist publicó un artículo con un titular que se traduce solo: los boomers arruinaron Europa. Debajo, la frase de apoyo remataba la idea: la enorme generación del rock and roll le está dejando la factura a sus pocos hijos.
Desde entonces la captura de ese titular ha dado más vueltas que el artículo. Bastante más, porque el artículo está detrás de un muro de pago y la captura no.
Esto va del titular. Del texto no vamos a hablar mal: la pieza está trabajada y usa fuentes serias. El problema no es lo que dice el artículo, es lo que hace el titular cuando se separa del artículo, que es lo que le pasa al 99 % de los titulares.
La cifra que sostiene la acusación
El dato que circula con el titular es que el envejecimiento se lleva un cuarto del PIB europeo. Existe, está bien citado y sale del Ageing Report de la Comisión Europea, que en su edición de 2024 pone ese gasto en el 24,4 % del PIB de la UE.
Ahora vamos a abrirlo, que es lo que no hace nadie al compartirlo. Ese 24,4 % son cuatro partidas: pensiones, sanidad, cuidados de larga duración y educación.
Educación. Colegios, institutos, universidades. Gasto en gente joven, dentro de la cifra que se usa para decir que los viejos se lo llevan todo.
Está ahí porque el informe no proyecta «gasto en mayores», proyecta gasto que depende de la estructura de edades de la población, y la educación depende de eso igual que las pensiones. En las propias proyecciones de la Comisión esa partida baja, porque nacen menos niños.
El titular no miente. La cifra tampoco. Pero el titular está usando una cifra que incluye el gasto en los jóvenes para acusar a los mayores de comerse el presupuesto, y eso, en cualquier redacción con un jefe de sección despierto, se corrige antes de salir.
El género: culpar a un grupo con nombre
Esto no es un caso aislado, es un formato. «Los boomers arruinaron X.» «Los millennials mataron Y.» Sale cada pocos meses porque funciona, y funciona por tres motivos muy concretos.
Reparte a la gente en dos bandos por su fecha de nacimiento, que es un dato que todo el mundo tiene y sobre el que todo el mundo puede opinar sin leer nada.
Convierte un problema aritmético en un problema moral. La proporción entre cotizantes y pensionistas no cabrea a nadie. «Te lo han quitado ellos» sí.
Y no obliga a nombrar a nadie. Un titular que dijera qué decisión concreta, de qué gobierno, en qué año, tendría que sostener eso con documentos y aguantar la respuesta. «Los boomers» no responde nunca, porque no existe: no es un actor, es un tramo de edad.
Lo que ese marco tapa
Dentro de la generación acusada hay un pensionista cobrando la mínima y un propietario de cuatro pisos. Comparten década de nacimiento y nada más. Las diferencias de patrimonio dentro de cada tramo de edad son mucho mayores que las que hay entre tramos, y eso está medido: la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España lo publica cada tres años.
Poner la línea divisoria en el año de nacimiento en lugar de en el patrimonio no es un descuido periodístico. Es una decisión, y tiene consecuencias: un lector que sale de ese titular enfadado con su padre no está enfadado con nada que se pueda votar.
Y luego está el muro
Aquí viene lo que más me interesa de todo esto.
El artículo cuesta dinero. El titular es gratis. Quien tiene suscripción lee un texto con matices, con proyecciones y con las cuatro palancas posibles; quien no la tiene se queda con seis palabras que dicen que una generación arruinó un continente.
Lleva meses circulando en redes en forma de captura, y una parte importante de quien la comparte lo hace desde una copia archivada porque el original no se abre. Ese es el estado normal del debate público europeo: el matiz detrás de una suscripción y la acusación circulando gratis.
No es culpa del medio, que tiene todo el derecho a cobrar por su trabajo. Es una consecuencia del diseño, y conviene tenerla presente cada vez que un titular de pago se convierte en argumento de sobremesa.
Cómo se lee esto sin tragárselo
Tres preguntas, y sirven para cualquier titular con una cifra grande dentro.
Qué hay dentro del número. Casi siempre hay algo que no esperabas. Aquí había educación.
Quién es el sujeto de la frase. Si el sujeto es un grupo de millones de personas que nunca se ha reunido ni ha votado nada en bloque, el titular está señalando a un fantasma.
Y qué decisión concreta se propone. Un problema real tiene palancas: en este caso, cuánta gente trabaja, cuántos años, cuánto se cobra y cuánto se paga. Un titular que no toca ninguna de las cuatro no está informando de un problema, está buscando un culpable.