Aparece cada temporada con el nombre de la profesión de moda. Esta vez toca growth hacker y lo firma una escuela de negocios. El artículo se lee en seis minutos, suena razonable y está construido con cuatro piezas que conviene reconocer, porque valen para cualquier otro.
Pieza uno: la profesión que está a punto de explotar
El texto habla de «oportunidades laborales» en el sector. No dice cuántas ofertas hay. No dice cuánto se paga. No cita un portal de empleo, ni un informe, ni un dato del INE. Ni uno.
Y eso tiene su gracia, porque el dato existe y es fácil de mirar: si buscas «growth hacker» en los portales de empleo españoles salen decenas de ofertas, no miles. El puesto real que se contrata se llama otra cosa, y desde 2021 aparece cada vez menos con ese nombre.
Contar una realidad laboral sin una sola cifra no es un despiste. Es la única forma de que quepa el titular.
Pieza dos: la palabra grande sin traducir
«Diseña sistemas de crecimiento sostenibles basados en datos, experimentación continua y optimización del funnel completo.»
Quítale los adjetivos y queda: mira los números, prueba cosas y arregla lo que falla. Que está bien, pero no es una profesión nueva ni hace falta un máster para llamarlo así.
El truco de la frase larga es que no se puede discutir. Nadie va a decir que está en contra de los sistemas de crecimiento sostenibles.
Pieza tres: la lista de herramientas
Analítica web, modelado de embudos, análisis de cohortes, estadística, automatización sin código, CRM, CDP, APIs, tests A/B, agentes de IA.
Es una lista impecable y es exactamente el temario del curso. Ese es el mecanismo: se describe el perfil ideal enumerando lo que se enseña, de modo que el lector concluya solo que le falta justo eso.
Fíjate en que la lista no distingue lo que se tarda un fin de semana en aprender de lo que lleva años. Puestos en fila, «automatización sin código» y «estadística» parecen dos casillas del mismo tamaño.
Pieza cuatro: la paradoja de la IA
Hay un apartado que dice que como la IA ha democratizado las herramientas, ahora hace falta más pensamiento estratégico.
Esta es la mejor de las cuatro, porque es verdad. Ejecutar se ha vuelto gratis y lo escaso ha pasado a ser el criterio. El problema es la conclusión que se cuelga detrás: que el criterio se compra en un curso de nueve meses.
El criterio viene de haberse equivocado con dinero de alguien. No hay atajo, y menos uno con matrícula.
Qué habría que exigirle a un artículo así
No es que esté mal escrito ni que mienta. Es que no dice nada comprobable, y ese es el punto. Tres preguntas que lo habrían arreglado:
- ¿Cuántas ofertas de este puesto hay hoy en España y con qué sueldo?
- ¿Cuántos de vuestros alumnos trabajan de esto un año después?
- ¿Qué de esta lista no se aprende ya gratis?
Ninguna de las tres aparece. Y no aparecen en casi ningún artículo de este tipo, que es lo que los hace todos intercambiables: cambia el nombre de la profesión y el resto sirve igual.