«Con información de agencias».
Cinco palabras en cuerpo pequeño, casi siempre al final, casi siempre después de que ya hayas leído la pieza y te hayas formado una opinión. Ahí está la confesión. Y no la lee nadie.
La primera puñalada: cinco medios no son cinco fuentes
Tú haces algo que te parece prudente. Ves una noticia rara, no te fías, abres otro periódico. Está. Abres un tercero. También. A la cuarta pestaña ya te lo has creído, porque tu cabeza cuenta cuatro coincidencias como cuatro comprobaciones independientes.
No lo son. En el mejor de los casos, son cuatro redacciones suscritas al mismo servicio de agencia que recibieron el mismo teletipo a la misma hora y lo publicaron con distinto tipo de letra.
Una fuente. Repetida cuatro veces. Y tú contándola cuatro veces.
El experimento que puedes hacer ahora mismo
No hace falta que me creas. Coge cualquier noticia de hoy que hayas visto en varios sitios. Elige una frase de en medio del texto, de esas que no son el titular ni la primera línea. Cópiala entera, ponla entre comillas y búscala en Google así, con las comillas puestas.
Vas a encontrar la misma frase, palabra por palabra, en ocho, quince o cuarenta sitios. No un dato parecido: la misma subordinada, el mismo adjetivo, la misma coma mal puesta.
Y si quieres verlo ordenado, entra en Google News, busca el tema y pincha en «ver cobertura completa». Ahí tienes el recuento oficial de cuántas veces se ha reimpreso el mismo párrafo esta mañana.
Cómo funciona la cadena
El recorrido es siempre el mismo y no tiene nada de misterioso:
- Un gabinete de prensa —de una empresa, un ministerio, una universidad, una ONG— redacta una nota. La escribe alguien a quien le pagan por que quedes con una impresión concreta.
- La agencia la convierte en teletipo. A veces llama a alguien, a veces no. Le pone estructura de noticia y le quita la primera persona.
- El teletipo entra en el sistema de cientos de redacciones a la vez.
- Un redactor le cambia el titular, le recorta dos párrafos, le pone una foto de archivo y lo publica. Han pasado once minutos.
Nadie ha llamado a nadie. Nadie ha comprobado nada. Y el lector recibe quince versiones de un texto que escribió, en origen, el departamento de comunicación de la parte interesada.
Esto tiene nombre desde hace veinte años: churnalism, de churn out, producir en cadena. Lo acuñó un periodista de la BBC, Waseem Zakir, y no lo inventó ningún enemigo de la prensa: lo inventó alguien que estaba dentro viendo cómo se hacía.
Los números, que es lo que duele
En 2008 Nick Davies publicó Flat Earth News, y lo interesante del libro no son sus opiniones: es que encargó a un equipo de la Universidad de Cardiff, dirigido por Justin Lewis, que contara. Analizaron más de dos mil piezas de los grandes diarios británicos de referencia y miraron, una por una, de dónde salía el material.
El resultado:
- El 60% de las piezas consistía entera o mayoritariamente en teletipo de agencia, material de gabinete de prensa, o ambos.
- Otro 20% contenía elementos claros de esas dos fuentes.
- Solo el 12% estaba compuesto de material que hubiera reunido el propio periodista.
Doce de cada cien. En la prensa británica de calidad. Con presupuestos que aquí ya quisiéramos. Davies añadía el dato que lo explica todo: el periodista medio tenía que llenar aproximadamente el triple de espacio que su equivalente de veinte años antes, con menos gente al lado.
Nadie llena el triple de espacio llamando por teléfono.
Y en España, ¿qué?
Aquí te debo un número. No conozco un estudio español con esa muestra y esa granularidad que pueda ponerte encima de la mesa, y no voy a inventarme un porcentaje para redondear el artículo. Los genios que hacen eso están en otras webs.
Lo que sí se puede afirmar sin despeinarse es la estructura. Prácticamente toda la prensa generalista española está suscrita a las mismas dos agencias: EFE, cuya propiedad es mayoritariamente pública a través de la SEPI, y Europa Press, privada. Cuando un tema arranca de un teletipo, arranca del mismo teletipo para todos.
Y hay un detalle que delata la pieza mejor que cualquier estudio: mira la firma. Si no hay nombre de persona, si pone «Redacción», si pone las siglas de la agencia, si no hay ni una sola frase que empiece por «este periódico ha preguntado a», ya sabes lo que tienes delante.
Por qué esto te afecta a ti y no solo al gremio
Porque el error viaja igual de rápido que el acierto y la corrección no viaja nada.
Cuando una agencia se equivoca —una cifra mal transcrita, una declaración sacada de contexto, un estudio mal leído— el fallo se replica en cuarenta portadas en una hora. Si horas después la agencia corrige, corrigen tres. Los otros treinta y siete se quedan con la versión mala publicada, indexada y compartida, porque nadie está mirando el hilo de correcciones de un teletipo de ayer.
Y tú, mientras tanto, sigues teniendo la sensación de que aquello «lo dijeron todos».
Cuatro comprobaciones que cuestan poco:
- Busca una frase larga del cuerpo entre comillas en Google. Si aparece idéntica en muchos sitios, ya tienes tu respuesta.
- Busca la fuente primaria: la nota de prensa, el estudio, la sentencia, el informe. Suele estar colgada y suele decir cosas que en la noticia no aparecen.
- Comprueba si alguna de las quince versiones cita a alguien que no citen las otras catorce. Esa es la única que ha trabajado.
- Desconfía especialmente de las piezas donde el sujeto de todo el texto es un gabinete: la empresa «anuncia», el ministerio «destaca», la fundación «alerta».
Veredicto
Que quince medios publiquen lo mismo confirma exactamente una cosa: que los quince abrieron el mismo correo. Repetir no es verificar, y el volumen del coro no te dice nada sobre si alguien afinó.